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Perderse en el viaje interior: ¿Crisis existencial o despertar espiritual?

  • Foto del escritor: Feroz Anka
    Feroz Anka
  • 3 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

A veces la persona no sólo se pregunta: «¿Hacia dónde va esta vida?»

En cierto momento aparece una pregunta más peligrosa:

«¿Dónde me he perdido yo?»


Eso que llamamos viaje interior se ve romántico desde fuera.

Luz de velas, frases eslogan, historias de despertar espiritual, aforismos sobre «encontrarse a uno mismo»…

En realidad, casi nunca empieza así.

En realidad, muchas veces empieza con una pérdida.

Un peso al que no sabes poner nombre.

Frases que han perdido su sentido.

Un estado de no sentirse realmente perteneciente a ningún lugar.

¿Lo que estás viviendo es una crisis existencial, o son los primeros signos de esa ruptura a la que después llamarás «despertar espiritual»?

Y el camino que recorro en Las Líneas del Vacío susurra que en el fondo los dos no están tan separados.


El viaje interior suele comenzar como un derrumbe.

Llega una época en la que nada funciona como antes.

Vas al mismo trabajo, hablas con las mismas personas, vives en la misma ciudad…

Pero por dentro algo se ha descolocado.

Los significados que antes te sostenían ya no consiguen sujetarte.

La pregunta «¿Por qué estoy haciendo esto?» ya no es una pequeña curiosidad que aparece un día en tu mente; se queda en medio del pecho como una piedra pesada.

El viaje interior suele comenzar justo así:

Desde fuera «todo es normal», pero por dentro nada está bien.

A veces a eso se le llama depresión.

A veces crisis de sentido.

A veces dices: «Mi vida se está desmoronando», a veces: «He perdido mi alma.»

Escribí Las Líneas del Vacío exactamente en un umbral como ése.

Mientras mi vida mostraba desde fuera la imagen de que «todo va bien», algo dentro de mí ya había pulsado el botón de cancelar.


Crisis existencial: la última resistencia del antiguo yo.

Lo que llamamos crisis existencial no es simplemente «estar de mal ánimo».

Una pregunta que llega más hondo te quema por dentro:

«¿Qué significado tiene realmente esta vida?

¿Y qué papel estoy jugando yo en esta obra?»

Las cosas en las que antes creías de memoria empiezan de repente a ser cuestionadas.

Las relaciones, el trabajo, la fe, el éxito, incluso tus ideas sobre el bien y el mal…

Te sientes como empujado al borde de tu propia vida.

Como si en el escenario se estuviera representando una obra; tu nombre aparece en el cartel, pero tú estás sentado entre bastidores sin recordar qué estás interpretando ni por qué.

La crisis existencial suele susurrar esto:

«No puedo seguir así. Pero tampoco sé cómo seguir.»

Ese lugar intermedio es el espacio que más nos exige, el que más nos afina y el que más nos hace crecer.

Las historias de despertar espiritual suelen contar sólo lo que viene después:

Purificación, paz, quietud, entrega…

Pero primero algo tiene que derrumbarse.

Y visto desde fuera, ese derrumbe muchas veces parece sólo un «colapso».


Despertar espiritual: no es una luz, sino la oscuridad que viene primero.

Cuando escuchamos «despertar espiritual», nuestra mente suele producir imágenes llenas de luz.

Sin embargo, en mi experiencia, el despertar pasa primero por una habitación oscura.

Algunas de las frases sobre las que has construido toda tu vida empiezan a resquebrajarse:

«Yo soy así y punto.»

«La vida tiene que ser así.»

«Sin esto no puedo vivir.»

Mientras esas frases se caen, dentro de ti crece sobre todo un sentimiento:

«Entonces, ¿quién soy yo?»

Esta pregunta es el centro común tanto de la crisis existencial como del despertar espiritual.

A veces estás realmente dentro de una depresión; tu energía se ha ido, te has retirado de la vida, no quieres hacer nada.

Y a veces los mismos síntomas son el anuncio de una búsqueda espiritual más profunda.

Una de las cosas que intenté decir en Las Líneas del Vacío fue ésta:

No todos los periodos oscuros tienen que convertirse en un despertar.

Pero la mayoría de los despertares no llegan sin oscuridad.

Pierdes algo.

Una creencia, un rol, una persona, una identidad…

Desde fuera, eso es sólo una «pérdida».

Desde dentro, a veces es así:

Te están sacando lentamente de tu antiguo cuerpo.


Crisis de sentido: el viejo sentido ha muerto, el nuevo aún no ha nacido.

Una crisis de sentido es como estar atrapado entre dos mundos.

Tu antiguo mapa de significado ya no funciona.

La ecuación «buen trabajo, buena relación, cierto orden = buena vida» deja de ser suficiente.

Pero tampoco tienes una nueva ecuación que poner en su lugar.

En ese entretiempo, la persona se enfrenta a uno de sus mayores miedos:

El vacío.

El vacío suele sentirse como «la nada».

Como si todo hubiera sido en vano, como si nada tuviera ya significado.

Sin embargo, algunos vacíos llegan precisamente para despejar el lugar que ocupaban los viejos significados.

El nuevo sentido quiere brotar en ese vacío.

Mientras escribía Las Líneas del Vacío, yo también intenté dejar de ver ese vacío sólo como «destrucción».

Quizá era una invitación:

«Bienvenido al funeral de tus viejos significados.

Ahora, ¿te atreves a buscar significados que te pertenezcan de verdad?»

El viaje interior empieza exactamente ahí.

En el momento en que aceptas dejar los significados que otros eligieron por ti y te dispones a buscar tu propio sentido, tu propia voz, tu propio camino.


¿Búsqueda espiritual o huida del dolor?

Aquí hay una zona peligrosa.

En medio de la crisis existencial, la persona muchas veces no soporta el dolor.

Y eso es profundamente humano.

Justo en ese momento entran en escena ciertos «caminos espirituales».

Las palabras son hermosas, las frases son suaves, la promesa es muy seductora:

Proponen cubrir el dolor con una fina capa de luz.

«Todo es ya perfecto.»

«El dolor es sólo una ilusión.»

«Sólo eleva tu conciencia y lo demás llegará.»

Pero a veces el dolor no es algo que haya que «pasar por encima» sin más.

A veces atravesar ese dolor es el despertar mismo.

Si la búsqueda espiritual se convierte en huida del dolor, lo único que haces es ponerte una máscara nueva.

Echar una capa de barniz espiritual brillante sobre tu depresión no la cura.

Sólo la vuelve invisible.

Para mí, el despertar no empezó huyendo del dolor, sino pudiendo mirarlo con honestidad.

«Sí, ahora mismo me siento muy mal.

Sí, parece que todo se está desmoronando.

Sí, no sé lo que estoy haciendo.»

En el lugar donde pude decir estas frases, algo nuevo empezó a brotar en silencio:

El estado de ser auténtico conmigo mismo.


El viaje interior: un camino que no se recorre con crueldad hacia uno mismo, sino con compasión.

Cuando emprendes el viaje interior, tu mente a veces puede ser más cruel que tú.

«Si cuestionas tanto, es que eres débil.»

«Si no sales de esto, es que no has evolucionado.»

«Si sufres tanto, es que no eres lo bastante consciente.»

Sin embargo, en realidad, poder hacer preguntas es valentía.

Poder enfrentarte a ti mismo es valentía.

Incluso reconocer que estás viviendo una crisis existencial es cruzar un umbral al que la mayoría nunca se atreve a acercarse.

El viaje interior avanza no juzgándote más, sino mirándote con más honestidad y con más ternura.

En este camino, a veces también puedes necesitar apoyo profesional:

Un terapeuta, un consejero, una persona de confianza como guía…

Eso no significa que seas «espiritualmente débil».

Al contrario, significa que eres lo bastante humano como para poder decir: «No tengo por qué cargar con este peso yo solo.»


¿Crisis existencial o despertar espiritual?

Quizá las dos cosas, quizá las dos a la vez.

Ya no veo esta distinción como tan tajante.

La crisis existencial es a veces el grito de tu alma que dice: «No puedo seguir así.»

El despertar espiritual es el nacimiento de una voz nueva en el largo silencio que sigue a ese grito.

La crisis te extraña de tu antiguo yo.

El despertar te acerca al yo que aún no conoces.

Ambos pueden ser puertas distintas del mismo pasillo.

Cuál de ellas has cruzado, muchas veces sólo lo comprendes cuando miras hacia atrás.

Las Líneas del Vacío, para mí, fue un texto escrito precisamente en ese pasillo.

No quise contar sólo la oscuridad ni inventar una falsa historia de luz.

Sólo quise decir esto:

«Si te sientes perdido, puede que tu viaje interior ya haya empezado.

Esta infelicidad, esta crisis de sentido quizá traigan una invitación:

La invitación a mirarte más de cerca.»


Sentirse perdido no siempre es una mala noticia.

No escribo este texto para decir: «En toda crisis hay escondido un despertar maravilloso.»

La vida no cabe en fórmulas tan simples.

Pero no me cuesta decir esto:

El viaje interior suele empezar exactamente en el lugar donde crees que «vas por el camino equivocado».

Eso que llamas crisis existencial es, a veces, la forma que tiene tu alma de darte un empujón.

La búsqueda espiritual a veces comienza en silencio en el momento en que dices: «Ya no creo en nada.»


Si desde hace un tiempo no te sientes totalmente perteneciente a ningún lugar, si piensas que tu vida ha perdido sentido, si a lo largo del día te quedas atrapado una y otra vez en la frase «¿Qué estoy haciendo?»…

Puede que eso no sea sólo un derrumbe.

Puede ser también el chirrido de la puerta que te llama hacia un «tú» que nunca antes has conocido.


El viaje interior quizá no se vea brillante desde fuera.

Pero un día, cuando mires atrás, puede que digas sobre la época que creías más oscura:

«No fue allí donde me perdí.

Fue allí donde, por primera vez, emprendí el camino hacia mí mismo.»


 
 
 

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